Los mejores restaurantes de la zona en la Guía Gastronómica

Cogotes

Cogote                                                                                                                                                                                                     Los cánones de la moda y de la belleza han ido cambiando con los tiempos. De las mujeres rellenitas que pintaba el pintor flamenco Pedro Pablo Rubens allá por el siglo XVII, que eran las que gustaban a los hombres de aquella época hasta  las esqueléticas, casi anoréxicas, que se impusieron en la estética a partir de la famosa modelo inglesa Twiggy ha habido un largo recorrido.

Con los hombres ha pasado lo mismo. No tiene nada que ver Humphrey Bogart o Spenceer Tracy con Brad Pit o Orlando Blum

También han variado las partes del cuerpo que han sido objeto de veneración por parte de ambos sexos: desde los tobillos, hasta las espaldas, pasando por las piernas, los pechos, el culo…

Lo que nadie podría imaginar es que ahora, de pronto, la tendencia que va a entrar con fuerza en el mundo de la estética, lo más in, los más fashion de todos los sexos… van a ser los cogotes. No los de merluza que siempre han estado muy apreciados en las mesas de los buenos restaurantes; hablo de los cogotes de los seres humanos. Tendencia que está empezando a salir a la luz pública aquí en España, concretamente,  en Madrid.

Con la nueva normativa impuesta por la alcaldesa Carmena de que en determinadas calles del centro solo se puede caminar en una dirección lo único que se percibe de nuestros semejantes, al andar por ellas, es el cogote.

Se terminó lo de alegrarse viendo una cara guapa, lo de saludar a un conocido que se cruza en tu camino; ya no habrá posibilidad de felicitar las Navidades al amigo que distinguías entre la multitud yendo de compras; tampoco podrás percatarte de si vas elegante o no por la forma en que te miran los demás, ni empezar una conversación al tropezar con alguien a propósito…

Ahora sólo nos está permitido vernos por la espalda: ver cogotes y cogotes y cogotes…

Y ésto es más peligroso de lo que puede parecer a simple vista porque el obligarnos a ir todos en la misma dirección es acostumbrarnos al borreguismo, a pertenecer al mundo feliz de Aldous Huxley en el que no hay guerras, ni miserias y todos son felices pero a cambio de eliminar las diferencias, la diversidad cultural, las opiniones, la esencia de la persona individual que tiene unas características propias e irrepetibles.

Los populismos intentan llegar a eso, que todos podamos ir a la Puerta del Sol, pero juntos, sin vernos las caras, sin distinguirnos, sin pensar ni hacer nada especial, guiados por el cogote del que va delante.

 

 

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