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¿España roja o rota?

francoFranco, que tenía un carácter complicado, tuvo desde el primer momento, personas críticas en su bando. A pesar de su autoritarismo y estilo dictatorial no pudo evitar que algunos se rebelaran contra su forma de actuar, ya desde el principio, durante la Guerra.

Algunos historiadores dicen que muchos generales querían y trabajaban para conseguir una paz pactada que diera ventaja a los del bando nacional, pero que dejara algunas de las libertades y logros sociales existentes en el bando republicano. Franco se negaba a ello: quería una victoria total

Había otro grupo de generales, entre los que estaba al parecer Yagüe, que eran partidarios de dividir España en dos mitades, para que una fuera monárquica y otra republicana. Esta era la postura que más enfadaba al Caudillo que según cuentan decía: “Prefiero una España roja, que rota”

Es decir que la obsesión por la unidad de España no es nueva. Seguramente encontraríamos antecedentes en la historia desde hace muchos siglos atrás.

Y, por otra parte, el problema nacionalista no le iría a la zaga en antigüedad.

Así que como en muchas otras cosas, como en los toros (Joselito o Belmonte), el fútbol (Barsa o Madrid)…los españoles nos dividimos por mitad. En este caso se hacen llamar constitucionalistas y nacionalistas. Y llevan peleándose años sin lograr ninguna solución.

Azaña, creo que fue quien dijo una frase muy acertada: “A los nacionalistas no se les puede fulminar, hay que aprender a vivir con ellos”

Y esa es la conclusión más acertada que yo he escuchado sobre el problema nacionalista, y , pensando y comparando, he llegado a la conclusión de que es muy parecido al que tienen las personas divorciadas con sus ex parejas.

Cuando uno se divorcia, piensa que va a ser un problema terrible tener a una persona siempre cerca, pero que ya no quiere saber nada de uno y con la que no hay más remedio que relacionarse (como España y Cataluña)

En el matrimonio roto siempre quedan rastros: hijos, bienes, amigos comunes… como en las naciones que quieren ser independientes de otras que tienen: economías compartidas, zonas de lenguaje común, intereses favorables a las dos partes en algunos asuntos internacionales…

Y , por experiencia sabemos que las personas que llevan bien sus divorcios son las que se acostumbran a vivir, -no a convivir-, con sus exparejas sin darle mayor importancia al hecho y yendo de puntillas sobre los asuntos que se van presentando y sin preocuparse demasiado por ellos.

A las ex no hay que hacerles caso de sus proclamas de independencia y de estimación propia, ni de sus reproches sobre el pasado, ni de  sus promesas de cambio; hay que desestimar sus solicitudes de obtener más financiación, pasar de sus denuncias por incumplimientos de los acuerdos, obviar sus amenazas de no dejar ver a los niños, no admitir chantajes ni ultimatums y reirse cuando amenazan con la utilización de las armas…

Pues lo mismo con las catalanes, vascos, gallegos…¡Ni caso!

Comentarios
  1. Jose L

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