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Frantz

frantzFrançois Ozon, director de cine francés desconocido ha rodado una película que a pesar de haber sido once nominada en los premios César no pasa de ser un ejercicio preciosista sin ningún sentido en el que lo único que destaca es el formidable trabajo de una nueva actriz Paula Beer.
El guión no deja de ser extraño: En una pequeña ciudad alemana, poco tiempo después de la I Guerra Mundial, Anna va todos los días a visitar la tumba de su prometido Frantz, asesinado en Francia. Un día, Adrien, un misterioso joven francés, también deja flores en la tumba. Su presencia suscitará reacciones imprevisibles en un entorno marcado por la derrota de Alemania…
Ozon mezcla comentarios políticos de la confrontación franco-alemana, con historias de amor y dramas familiares.
El final es el típico de lo que yo llamo “no saber cómo acabar” que ni siquiera deja sorprendido al espectador.
Lo que sí sorprende es la mezcla de escenas en blanco negro (eso sí, con una fotografía preciosa) con otras en color sin que, tras meditarlo mucho, pueda llegar a descifrar el motivo de unas y de otras; no tiene relación con presente o pasado, con guerra o amor, con Francia o Alemania. Pudiera ser que se debiese al estado de ánimo del director según el día.
La película se puede ver, pero hay muchas otras mejores.

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