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Roca Rey

roca rey                                                                                                                                                                     Los más brutos dicen que España no llegó nunca a la altura democrática de Francia porque aquí no actuó en su momento la guillotina, otros más moderados achacan la diferencia  intelectual con los galos y la persistencia del oscurantismo en nuestro país a que en el Ruedo Ibérico no nacieron intelectuales de la talla de Voltaire, Rousseau, Diderot, Alambert, Danton y Robespierre que iniciaron la transformación del mundo con su Enciclopedia y otros historiadore atribuyen el atraso secular de los hispánicos a que Felipe II decidiera nombrar capital de esta nación a Madrid.

La razón de elegir Madrid pudo ser que había sido comunera y que la requisa de unas tierras de un comunero destacado había proporcionado a los reyes la Casa de Campo, convertidas en un extenso cazadero al lado del Alcázar. Además, Madrid no tenía obispo, con lo que no fue capital religiosa. Tampoco había presencia de grandes (aristócratas). Nadie hacía sombra al rey, y los que se acercaran dejaban claro que era porque venían a buscar su sombra, como cortesanos.

Pero Madrid tenía dos inconvenientes: no tenía salida al mar y estaba alejada de los principales flujos económicos e intelectuales. Otras opciones hubieran podido ser Lisboa, Sevilla y Barcelona y el rey Felipe II eligió la peor.

Fuera por lo que fuera, aquí no vamos a sentar cátedra, desde entonces nos arrastramos en la cola del cutrerío y la ignorancia perseverante y absurda.

En los años setenta yo iba muchos fines de semana a Amelíe Les Bains y a Perpignan  a ver cine que estaba prohibido por el franquismo en España y no eran películas pornográficas como algunos dicen, había de todo; Senderos de Gloria de Stanley Kubrik (antimilitarista), État de Siege de Costa Gavrás (contra los golpes de estado) o El Gran Dictador… Y me daba vergüenza asistir a esas sesiones para españoles que éramos los pobres catetos de Europa que íbamos a Francia a quedarnos con las migajas de la cultura que nos dejaba la Europa moderna, liberal y aperturista.

Años después acudíamos a jugar a los casinos franceses (Ceret) porque la prohibición del juego persistía entre nosotros.

Me toca mucho los cojones que dentro de poco por culpa de los absurdos animalistas, que comen pollo todos los días y que no dan un céntimo para los refugiados afganos,  ni para la lucha contra el cáncer, tenga que ir a ver torear a Roca Rey a Nimes y se repita la historia: españoles en Francia para ver lo que en España se prohibe. En esta ocasión los toros, antes fue el cine y el juego…¿y dentro de veinte o cincuenta años? ¿siempre tendremos que ir a Francia?

Comentarios
  1. Manuel Granda Lostau

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